Embriaguez digital: Las lógicas de (auto)dominación de las redes sociales en el panóptico digital

Por Agustín Estiven

Resumen 

En sus cursos del Collège de France de 1978 y 1979, Foucault exhibe el pasaje de una sociedad disciplinaria que actuaba sobre los cuerpos a una sociedad de control o biopolítica. En la biopolítica la vida natural comienza a ser incluida en los mecanismos y en los cálculos del poder mediante el control y la prevención. Inscribiré al neoliberalismo como una forma de biopolítica. En lugar de emplear un poder represor, utiliza un poder seductor que consigue que los hombres se sometan por si mismos al entramado de dominación. Los individuos entregan sus datos de forma voluntaria permitiendo a las nuevas herramientas como el Big Data, hacer pronósticos sobre el comportamiento de las personas y condicionarlas a nivel prerreflexivo. 

El presente trabajo tiene como objetivo explorar las lógicas de dominación (o autodominación) de las redes sociales y analizar si existe posibilidad de emancipación mediante el uso de estas herramientas. Para llevarlo a cabo iniciaré con una caracterización del paradigma neoliberal para luego adentrarme en la temática específica. Como núcleos teóricos utilizaré las ideas de Michael Foucault, Wendy Brown, Byung Chul Han y Judith Butler.

*Trabajo preparado para su presentación en el XV Congreso Nacional y VIII Congreso Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 31 de octubre al 3 de noviembre de 2022.

Palabras clave: Psicopolítica – Poder – Redes sociales – Neoliberalismo – autodominación

 

Neoliberalismo  

     Wendy Brown definirá al neoliberalismo como una nueva forma normativa o racionalidad rectora de la razón. Esta racionalidad no es un instrumento de la práctica gubernamental, sino el campo de formación normativa a partir de la cual se forja el gobierno. Los discursos y las acciones políticas son efectos de esta forma normativa de la razón. 

      Para entender como el neoliberalismo se transforma en una racionalidad política, la autora examina un conjunto de desarrollos respecto de las prácticas de la gobernanza. La gobernanza al convergir y madurar con esta nueva racionalidad “se ha convertido en la forma administrativa primaria del neoliberalismo, la modalidad política a través de la cual crea ambientes, estructura restricciones y los incentivos y, por consiguiente, conduce al sujeto” (Brown. 2016, p. 95). Se produce una economización de todas las áreas de la vida. Incluye una fusión de las prácticas políticas con la de negocios. Surgen las colaboraciones público-privadas, una relación especifica entre el Estado, la sociedad civil y los mercados. Se reemplaza la oposición o tensión entre el gobierno y el sector privado con la colaboración y la complementariedad. También las órdenes y el control son reemplazadas con la negociación y la persuasión. La concepción de lo político se transforma en un campo gerencial. La vida pública es reducida a la solución de problemas eliminando el conflicto y la deliberación sobre los valores y los fines comunes que son reemplazados por el consenso. La meta es implementar soluciones prácticas para problemas definidos de modo técnico.

       En la gobernanza se produce una delegación de la autoridad, la toma de decisiones y la implementación de políticas y normas de conducta que vuelven responsables de sí mismos a los individuos y a otras pequeñas unidades de trabajo. ¿Cómo se efectúa esta delegación? 

Delegar suele implicar que los problemas a gran escala, como las recesiones, las crisis de capital financiero, el desempleo o los problemas ambientales, así como las crisis fiscales del Estado, se envían hacia abajo en la cadena a pequeñas unidades débiles que no tienen la capacidad técnica, política o financiera de enfrentarse a ellos” (Brown. 2016, p. 103).

         Las empresas delegan esta responsabilidad a las municipalidades que a su vez la delegan a agencias individuales, quienes poseen la autoridad de toma de decisiones sin poseer los recursos para ejercer esa autonomía.  Esta responsabilidad “asigna al trabajador, al estudiante, al consumidor o al indigente la tarea de discernir o tomar las estrategias correctas de autoinversión y espíritu emprendedor para prosperar y sobrevivir” (Brown. 2016, p. 104), produciéndose un desplazamiento de la racionalidad política a una económica. La responsabilización presenta al sujeto como único agente relevante y responsable, asignándole una carga moral.

 

Psicopolítica1

      Según Byung Chul Han, “la biopolítica es la forma de gobierno de la sociedad disciplinaria” (Han. 2014, p. 37). El biopoder introduce la administración de los cuerpos y la gestión calculadora de la vida. La producción industrial requiere disciplinar y ajustar al cuerpo a la producción mecánica. Las disciplinas son “métodos que permiten el control minucioso del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad” (Foucault. 2002, p.126). El poder disciplinario es un poder normativo donde se somete al sujeto a un código de normas, preceptos y prohibiciones eliminando las desviaciones y anomalías. Esta técnica opera también sobre la mente, pero no está en el punto de mira del poder disciplinario ya que no logra acceder a las capas profundas de la psique con sus deseos, necesidades y anhelos ocultos. Byung Chul Han avanza unos pasos más sobre el tema ya que el neoliberalismo actual explota la psique hasta el nivel del inconsciente. Sobre este punto parece pertinente preguntarse si es posible acceder al inconsciente. Según Maurice Blanchot “el sujeto del inconsciente no es idéntico al sujeto, pues éste ignora lo que el otro sabe” (Espinosa et al. 2018, p.83). Al parecer esta escena del sujeto es inapropiable aun para estos nuevos mecanismos. Jorge Alemán coincide con este análisis donde “el sujeto concebido psicoanalíticamente, no podría ser alcanzado en su totalidad por el poder de las estructuras del capital, siempre habría en su constitución un desarreglo inapropiable por los dispositivos históricos” (Espinosa et al. 2018, p.84).

     Han expone la psicopolítica, una nueva técnica de poder del neoliberalismo, donde se produce un desplazamiento del deber hacer al poder hacer.  Esta lógica genera más coacciones que el deber. Bajo el imperativo del “yes we can”, y no solamente del “tú puedes” sino del “tú puedes todo”, se delega la responsabilidad al individuo que si fracasa se siente culpable, cuestionándose a sí mismo y no a la sociedad. Esta autoexigencia genera patologías que caracterizan nuestra época como la depresión, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO). La depresión es la expresión patológica del fracaso del hombre moderno. Surge en el momento que el sujeto víctima del rendimiento ya no puede poder más. Este no-poder-poder más conduce a la autoagresión y a un destructivo reproche de sí mismo. Trata de superarse hasta que se derrumba. El sujeto está obligado a rendir, se mata a base de autorrealizarse, coincidiendo aquí la autorrealización y la autodestrucción. El autor, siguiendo a Ehrenberg, dice que esta depresión es símbolo de lo ingobernable e incontrolable: “Se explica en función del choque de oportunidades infinitas y lo incontrolable. Por consiguiente, la depresión sería el fracaso del sujeto que aspira a tener iniciativas por culpa de lo ingobernable” (Han. 2017e, p.86).

      El sujeto neoliberal empresario de sí mismo, bajo el mandato del rendimiento, se autoexplota creyendo que se está realizando bajo una falsa noción de libertad. La explotación de la libertad es lo que maximiza la productividad y la eficiencia. Cada uno es amo y esclavo en una persona. La libertad y la coacción coinciden, siendo esta coacción interna más efectiva que la externa ya que no es posible ninguna resistencia contra sí mismo, no hay contra quien rebelarse. Surge una contradicción con la noción de libertad. En la sociedad actual la libertad está relacionada con la autorrealización, las oportunidades infinitas del poder hacer todo, ser independiente mediante la carencia de un amo que nos explote, etc. La libertad originariamente estaba asociada a los vínculos y a la integración ya que 

la raíz indogermánica fri, de la que derivan las formas libre, paz y amigo (frei, friede, freund) significa «amar» (lieben). Así pues, originalmente, «libre» significaba «perteneciente a los amigos o a los amantes». Uno se siente libre en una relación de amor y amistad. El compromiso, y no la ausencia de este, es lo que hace libre” (Han, 2017a, p.53). 

       Marx también define a la libertad como una palabra relacional par excellance: “Solamente dentro de la comunidad con otros todo individuo tiene los medios necesarios para desarrollar sus dotes en todos los sentidos; solamente dentro de la comunidad es posible, por tanto, la libertad personal” (Marx. 1958, p.82). Por lo tanto, podemos contraponer la libertad que requiere de un sostén que es la comunidad, con la conceptualización de la libertad propia del neoliberalismo donde responde a un carácter meramente individual. 

           La lógica del poder permisivo está en el reemplazo de la obligación de una acción por el deseo de la misma, es cuando “el soberano toma sitio en el alma del otro” (Han, 2018, p. 14). Configura el futuro del otro pero sin bloquearlo, influyendo o trabajando sobre el entorno de la acción o sobre los preliminares de la acción del otro, de forma que el otro decida voluntariamente. Al actuar de forma más permisiva, deponiendo su negatividad, logra ofrecerse como libertad. El sujeto no es consciente de su sometimiento, le queda oculto todo el entramado de dominación: “El poder está precisamente allí donde no es tematizado. Cuando mayor es el poder, más silenciosamente actúa” (Han. 2014, p. 27). En lugar de hacer hombres sumisos, intenta hacerlos dependientes ya que reemplaza la prohibición y la sustracción por la complacencia. Es un poder más seductor que represor que genera emociones positivas para poder explotarlas. 

 

Panóptico digital

  1. Hipercomunicación e información

    El panóptico de Bentham es una manifestación de la sociedad disciplinaria. Esta estructura arquitectónica diseñada para cárceles y prisiones suponía una disposición circular de las celdas en torno a un punto central donde se alzaba una torre de vigilancia en la cual una única persona podía visualizar todas las celdas, controlando el comportamiento de los reclusos. Esta torre estaba construida de forma que no se pudiese observar donde estaba o que hacia el vigilante, generando la ilusión de vigilancia permanente. Este modelo se replicó en las fábricas, los manicomios, los hospitales, las escuelas que son instituciones típicas de la sociedad disciplinaria. Las celdas están aisladas entre sí de forma que no se pueden comunicar los unos con los otros ni tampoco pueden verse entre ellos.

       Byung Chul Han señala que la sociedad actual muestra una especial estructura panóptica. El panóptico Benthamiano es reemplazado por el panóptico digital donde los moradores se comunican intensamente y se desnudan por propia voluntad. La soledad mediante el aislamiento se desplaza por la hipercomunicación. Esta última permite la eliminación de barreras y la libre circulación del capital aumentando la velocidad de la producción y del consumo. Cada sujeto es su propio objeto de publicidad deviniendo en mercancía. Sus habitantes viven en la ilusión de la libertad, 

se comunican no por coacción externa, sino por necesidad interna, o sea, donde el miedo a tener que renunciar a su esfera privada e íntima cede el paso a la necesidad de exhibirse sin vergüenza, es decir, donde no pueden distinguirse la libertad y el control (Han. 2017b, p. 101).

      Las redes sociales se presentan como formas de libertad, adoptando formas panópticas. Al contribuir con la información suministrada voluntariamente al Big Data, permitimos hacer pronósticos sobre el comportamiento humano. Mediante algoritmos el futuro se vuelve predecible y controlable, permitiendo la intervención en la psique y el condicionamiento a un nivel prerreflexivo.

 

II. La iglesia digital

      El panóptico digital delega a los individuos el trabajo de vigilar, cada recluso es el responsable de su propia vigilancia. Los smartphones se convierten en confesionarios móviles donde a través del “Tweet” o “Post” se examina y controla a uno mismo. Si bien no convivió con el auge de las redes sociales, se puede establecer una analogía con el análisis realizado por Foucault en “Del gobierno de los vivos”. Foucault hace un análisis de la patrística, el conjunto de doctrinas de los padres de la iglesia, donde el esquema de la subjetividad cristiana está conformado por tres momentos: la obediencia sin fin, el examen incesante de sí mismo y la confesión exhaustiva. La obediencia sin fin consiste en el sometimiento de la voluntad del individuo mediante la imposición de un régimen de obediencia completo, exhaustivo y permanente. El examen incesante es la obligación de vigilarse. Por un lado, hay que evitar el relajamiento y por otro evitar el exceso. Se introduce el concepto de discretio (prudencia, mesura), siendo la línea divisoria entre las dos cosas, el término medio. El cuerpo está habitado por un componente de lo divino, pero también aloja al demonio: esto genera el peligro de la ilusión, el engaño y la falta de discriminación. El sujeto carece de discretio porque no está en juego el valor de las cosas con respecto a él mismo, sino la ilusión interna de si sobre sí mismo. El examen se aplica a los pensamientos y no a los actos. Esta falta de discretio que impide al sujeto ser propio juez y propia medida se reemplaza con el dispositivo de examen-confesión, donde se pliega a la voluntad del otro como medio de mortificación de la propia voluntad para acorralar al componente demoniaco. Se introduce la confesión exhaustiva, ya que uno siempre puede engañarse con respecto a si mismo y como siempre hay un elemento interno que puede engañarte es necesario que te confieses. La confesión opera a través de tres mecanismos. El criterio de vergüenza implica que si no puedo decir lo que pienso no es de buena calidad, su origen no es puro. El segundo, el de la imposibilidad de hablar, ocurre cuando los malos pensamientos prefieren huir a pasar por la confesión, cuando se someten a la luz pierden su impureza. El tercer mecanismo radica en que el simple hecho de hablar constituye un acto de expulsión, discriminando lo bueno y lo malo. Para ejercer la discretio se practica una confesión perpetua y permanente, la salvación es a través del sometimiento a la voluntad de otro. El esquema de la subjetividad cristiana queda conformado así: 

en el dispositivo obediencia-confesión se trata de sustituir la voluntad propia por la de otro, descubrir en el fondo de sí mismo el poder otro que lo habita (Satanás), arrancar de sí mismo a ese otro, no, empero para reencontrarse, sino para contemplar a Dios sin oscuridad y hacer sin obstáculos su voluntad (Foucault. 2014, p. 354).

      En la sociedad actual se puede decir que la obediencia sin fin es hacia el propio imperativo del rendimiento que obliga al sujeto a autoexplotarse, convirtiéndolo en su propio amo. La obediencia sin fin es hacia el propio sujeto que se coacciona internamente. El examen incesante y la confesión exhaustiva operan a través de las redes sociales donde es necesario exponerse permanentemente, exigiéndonos compartir, participar, comunicar nuestras opiniones, deseos, anhelos, frustraciones. La iluminación es propia.

    Esta transparencia absoluta elimina la confianza. La confianza es un estado medio entre saber y no saber. 

Confianza significa: a pesar del no saber en relación con el otro, construir una relación positiva con él. La confianza hace posibles acciones a pesar de la falta de saber. (…) Donde domina la transparencia, no se da ningún espacio para la confianza (Han. 2017f, p. 91).

 

III. Exceso de positividad

 

     Las redes sociales con sus “like” y “me gusta” engendran un espacio de pura positividad. La negatividad como irrupción del otro es eliminada, no se puede interrumpir el narcisismo.  Se evita la negatividad para que no se detenga el flujo de comunicación y también porque el rechazo no produce grandes incrementos económicos. La experiencia está constituida por la negatividad de lo distinto y de la transformación. Tener una experiencia con algo implica que eso “nos concierne, nos arrastra, nos oprime o nos anima” (Heidegger. 1987, p. 145), su esencia es el dolor. El dolor de la experiencia con el otro es reemplazado con el me gusta. En las redes sociales se ha eliminado toda alteridad, el no-yo. Al otro que no se adecua a nuestra mirada del mundo se lo bloquea, silencia o se deja de seguir. Esta eliminación del otro se plasma en la acción de las selfie, una imagen autorreferencial donde se remite al vacío interior del yo. En presencia de este vacío interior el sujeto intenta producirse a sí mismo bajo un imperativo de la autenticidad. Este imperativo desarrolla una coerción a cuestionarse permanentemente a si mismo intensificando la referencia narcisista. Todo el mundo quiere ser distinto a los demás, pero en esa voluntad prosigue lo igual. Todo se vuelve comparable, es decir igual, eliminándose la negatividad constitutiva de la alteridad. Los individuos expresaran su autenticidad mediante el consumo.

 

IV. Des-tiempo

   En la actualidad experimentamos una aceleración que es uno de los síntomas de la dispersión temporal. En realidad, se produce una disincronía que es cuando el tiempo carece de un ritmo ordenador. Esto se produce por la atomización del tiempo, evitando que podamos experimentar cualquier tipo de duración. Todo se vuelve efímero, pasajero. En el tiempo atomizado todos los momentos son iguales entre sí. La fragmentación del tiempo va acompañada de una aceleración del desarrollo de los procesos. El tiempo se acelera porque no cuenta con ningún sostén en su interior. La experiencia queda desvanecida ya que requiere de una extensión temporal. Se pierde la tensión narrativa donde el tiempo es una línea que se dirige hacia un objetivo, posee una significación y sentido. Esta línea “se descompone en puntos que dan tumbos sin dirección alguna” (Han, 2017a, p. 35). Entre estos puntos se abre un vacio en el que no sucede nada. Para evitar cualquier demora, se suprimen y acortan los intervalos vacíos produciéndose una aceleración en la sucesión de acontecimientos. La falta de sostén provoca que el tiempo dé tumbos sin dirección ni rumbo, se produce una sucesión de presentes puntuales. Estos se pueden traducir en los clicks en múltiples ventanas de nuestras computadoras que pasan un punto a otro sin sentido, sin una continuidad narrativa. También en el turista actual que no es capaz de de-morar (habitar) un lugar fijo sino que busca estar y postear fotos en la mayor cantidad de lugares posibles, “por miedo de perderse algo”, aumentando el número de vivencias sin la experiencia de la duración. Las vivencias fugaces y repentinas no permiten la satisfacción real y el sentido. El camino es visto como un obstáculo hacia el próximo punto o destino y no como una transición, este espacio intermedio no tiene ninguna importancia. Está ligado al retraso y a la perdida concentrándonos en hacer que desaparezca. El acceso a las cosas debe ser instantáneo, al aquí y ahora.

      La falta de demora impide acceder a lo bello ya que “el «goce inmediato» no da lugar a lo bello, puesto que la belleza de una cosa se manifiesta «mucho después», a la luz de otra, por la significatividad de una reminiscencia. Lo bello responde a una duración, a una síntesis contemplativa” (Han, 2017a, p. 75). Las redes sociales con su inmediatez no permiten la demora, se busca en todo momento la novedad. Heidegger definía esta avidez de novedades como una forma de percibir el mundo donde solo se busca lo nuevo para saltar nuevamente a algo nuevo:

     De aquí que la avidez de novedades se caracterice por un específico no demorarse en lo inmediato. De aquí que tampoco busque el ocio del demorarse en la contemplación, sino la inquietud y la excitación por parte de algo siempre nuevo y del cambio de lo que hace frente (Heidegger. 1962, p. 191-192).

      La crisis temporal de nuestra sociedad destruye el ocio, ese tiempo libre de libertad, ajeno a la determinación y la necesidad. El trabajo se totaliza de forma que el tiempo de ocio es reemplazado por un tiempo de no hacer nada, por una restitución de la energía de la fuerza de trabajo. El tiempo se consume como una mercancía más.

    Esta totalización también alcanza al espacio del trabajo. Los teléfonos inteligentes que son más eficientes por su comodidad de integrarlo todo en un dispositivo, transforman todo lugar en un puesto de trabajo. En la época de las maquinas industriales el tiempo de no-trabajo estaba delimitado, mientras que en la actualidad con el home office (trabajo desde casa) todo tiempo es un tiempo de trabajo, se hace móvil el trabajo mismo.

 

V. Política digital

     La comunicación digital conduce a una mezcla de lo público y lo privado ya que desplaza la producción de información de lo público a lo privado. Fomenta la exposición de la intimidad y la esfera privada. Las redes sociales también son muy emocionales, no permiten ni la mediación ni la razón que surgen de la de-mora. La indignación que se genera en estas redes es eficiente para movilizar y aglutinar la atención, pero no pueden configurar un espacio público por ser muy inestables, efímeras y amorfas. Les falta integración para generar una tensión narrativa estable. La ausencia de gravitación impide la creación de otro futuro y la interrupción de las relaciones existentes. El enjambre digital es una congregación de individuos aislados, no logra formar una masa, un nosotros. 

 

La posibilidad de emancipación

      ¿Es tan pesimista el futuro? ¿Hay posibilidad de escapar al horizonte pos-apocalíptico? En esta sección intentaré explorar una posible solución a la dominación a la que nos autosometemos en el neoliberalismo mediante los aportes teóricos de Byung Chul Han y Judith Butler.

     En ciertos pasajes de En el enjambre, Byung Chul Han expone que la simetría generada en el medio digital por el rol de cada uno como emisor, receptor, consumidor y productor a la vez es perjudicial para el poder. Se rompe la relación asimétrica que es característica del poder. Pero como antes se expuso la masa digital carece de estabilidad y es muy efímera. Se podría convertir en una herramienta de emancipación si se alcanzara la conformación de un nosotros duradero, para lo cual es necesario dotar al enjambre digital de un alma. Para esto son necesarios los sentimientos que tienen una duración y una narratividad, una amplitud. La cólera puede ser utilizada para interrumpir los estados existentes y engendrar un nuevo futuro. El malestar, la incomodidad, el sufrimiento nos desafían a imaginar nuevos mundos posibles (Ahmed Sara, 2019). También resalta la importancia del Thymos como fuente de protesta política, siendo el lugar donde puede establecerse un punto de contacto entre el Eros y la política. El Eros, para Platón es esa fuerza relacionada al deseo y al amor por las cosas bellas que impulsa el alma, pertenece al mundo de los dioses y los hombres siendo un punto intermedio. En la doctrina platónica el Eros dirige el alma sobre todas sus partes: deseo (Epithymia), valentía (Thymos) y razón (Logos).

      Es necesario una política del eros ya que “la acción política como un deseo común de otra forma de vida, de otro mundo más justo, está en correlación con el Eros en un nivel profundo” (Han. 2017c, p. 67-68). El amor interrumpe lo igual a favor de la diferencia, del punto de vista del otro, produciéndose una ruptura del orden habitual.  “El Eros se manifiesta como aspiración revolucionaria a una forma de vida y sociedad completamente diferente” (Han, 2017c, p. 70). Para resolver el problema de la dominación será necesario romper las cadenas narcisistas de las redes sociales, liberar al hombre del yo asilado en sí mismo y conducirlo al reconocimiento mutuo con miras a la creatividad emancipadora. Al mismo tiempo es necesaria la demora para liberarnos de la fugacidad y la volatilidad, que surgen muchas veces a la vista de aquellos sucesos con poca relevancia social o política, que impiden la continuidad. La estabilidad del tiempo establecería una narratividad que sea capaz de la conformación de un discurso público.

     Por su parte Judith Butler expone que cuando los cuerpos se reúnen, mueven y hablan entre ellos, juntos reclaman un determinado espacio como público. El espacio público no sería un lugar preconfigurado, algo dado, sino que cuando las multitudes se reúnen está en juego el carácter público del espacio. Por medio de otro enfoque distinto al de Han cuando critica el desplazamiento de lo público a lo privado de las sociedades actuales, Judith Butler explica que en ese momento que los cuerpos se reúnen la política cruza repetidamente las líneas que separan la esfera pública de la privada. La formación de una multitud implicaría 

moverse por el espacio de una manera que cuestiona la distinción entre lo público y lo privado, se ve que los cuerpos en su pluralidad reclaman lo público, encuentra y producen lo que es público a través del apropiamiento y la reconfiguración de los entornos materias (Butler. 2017, p. 76). 

     El espacio material es refuncionalizado.

   En este punto, la autora siguiendo a Hannah Arendt, profundiza que el espacio de la polis no está relacionado con el espacio físico propiamente dicho sino que surge del actuar y hablar juntos. El espacio está configurado por la acción, “tanto el espacio como su localización se crean a través de la acción plural” (Butler. 2017, p. 78). Según Arendt la esfera política surge de compartir palabras y actos, “la acción no solo tiene la más íntima relación con la parte pública del mundo común a todos nosotros, sino que es la única actividad que la constituye” (Arendt. 2003, p. 221). La acción es la capacidad de poner un principio, poder hacer que comience algo completamente diferente.

      Los medios a través de la trasmisión de la acción se transforman en parte de la escena y de la propia acción, extendiendo el espacio visual y sonoro y participando en su delimitación Esta libertad de trasmitir es un ejercicio propio de derechos y emancipación formando parte del movimiento de protesta. Aseguran un espacio de aparición y trasposición a otros lugares. El medio digital y las redes sociales pueden refuncionalizarse para convertirse en extensiones y ampliaciones del espacio público y configurar el discurso previo que permite las expresiones espontáneas de manifestaciones de un nuevo acontecer. Para que estos discursos pongan en juego la corporeidad de la acción es necesario la presencia del otro, al igual que Han resalta la importancia de la alteridad.

 

Conclusión 

    De lo expuesto se puede observar como el neoliberalismo delega en nosotros mismos la coacción y la dominación. Las redes sociales aún plantean muchos desafíos, pero también abren un nuevo horizonte de posibilidades. Este futuro pos-apocalíptico que podría verse reflejado en alguna novela distópica puede revertirse con miras a utilizar estas herramientas de forma emancipadora. Una muestra de esto es el surgimiento de los chalecos amarillos en Francia alrededor de octubre/noviembre de 2018, donde a través de las redes sociales los ciudadanos (inicialmente franceses que viven en la periferia, provincias o zonas rurales) protestan contra el aumento de los precios de los combustibles. Las empresas delegan y responsabilizan al individuo de pagar la transición ecológica. Luego el movimiento se fue propagando y adicionando a sus reclamos el cuestionamiento de un sistema político y financiero que genera desigualdad mediante la injusticia fiscal, la pérdida del poder adquisitivo y la toma de decisiones. Este movimiento planteo una lista de reivindicaciones que hasta solicitó una reforma constitucional para introducir el llamado referéndum de iniciativa ciudadana (RIC). Este movimiento tuvo éxito porque logró la articulación de lo digital con la presencia física en el terreno que da lugar a la acción. Podemos ver como las redes sociales pueden romper la hegemonía de los medios tradicionales.

     Otro ejemplo fueron las movilizaciones que se iniciaron el 10 de octubre de 2019 en Chile. Inicialmente originado en Santiago, su causa inmediata fue el alza en la tarifa del sistema público de transporte de la ciudad que entró en vigor el 6 de octubre del 2019 desatando que centenares de estudiantes se organicen para realizar actos de evasión masiva en el Metro. Esta manifestación pública fue seguida de protestas pacíficas a escala nacional y en otros casos de acciones violentas de saqueo, vandalismo y destrucción de infraestructura que fueron duramente reprimidas por el gobierno. La causa inicial del estallido fue resignificándose como una crítica al modelo de desarrollo económico vigente en ese país y a su institucionalidad: el alto costo de vida, bajas pensiones, precios elevados de medicamentos y tratamientos de salud y un descredito institucional y político plasmado principalmente en el rechazó a la constitución heredada de Pinochet. Ante la oleada de protestas el gobierno reformó las pensiones contemplando incrementos, envió un proyecto de ley al congreso para seguros de salud y medicamentos, se creó un “ingreso mínimo garantizado, se modificó los impuestos a la riqueza, etc. La consecuencia más importante es la discusión pública que se generó en referencia a la constitución, convocándose un plebiscito nacional para determinar si la ciudadanía deseaba iniciar un proceso para generar una nueva. Las redes sociales fueron uno de los grandes protagonistas de este proceso, conectando a la gente y viralizando las distintas convocatorias a través de sus hashtags como #LaMarchaMásGrandeDeChile. Los interlocutores y organizadores tradicionales son reemplazados por estas nuevas plataformas. Si bien en algunos casos se produce una ausencia de líderes a la vista que delimite el camino a seguir, se produce una integración y toma de decisiones más horizontal.

     Para que estos movimientos se consoliden en un nosotros estable capaz de formular nuevas visiones políticas es necesario romper con la autorreferencia del yo y permitir el surgimiento del otro, interrumpiendo lo igual a favor de la diferencia, el deseo común de otra forma de vida. En este punto es necesario plantear una política del eros que rompa con el proceso de individualización que genera el neoliberalismo. A través de los sentimientos se podrá articular la masa digital y activar otras formas de imaginación política. También será necesaria la de-mora, el morar en un lugar que engendre una integración. De esta forma se adquiere una sustancia: la mediación y la razón permiten la articulación de un discurso que guie a la acción. 

     El futuro no parece tan sombrío. Desde el momento que el poder no es absoluto, como señalan Maurice Blanchot y Jorge Alemán, el “crimen no es perfecto”. El sujeto no puede ser alcanzado en su totalidad ya que la dimensión del inconsciente es inapropiable. Este aspecto inalcanzable por las nuevas tecnologías puede ser un buen punto de fuga a explotar. Las nuevas herramientas digitales pueden generar una refuncionalización y democratización del espacio público donde cada individuo pueda producir información. Quedará el desafío, para nada sencillo, de direccionar lo producido con fines emancipatorios. Esta posibilidad de las redes sociales de nuevos modelos de resistencia genera un “excedente cognitivo” que aún no es posible prever sus efectos históricos y culturales.


  1.  En los apartados Psicopolítica y panóptico digital se realizará una recopilación de distintos conceptos e ideas de Byung Chul Han publicados a lo largo de sus obras.

Bibliografía

Ahmed, Sara. 2019. La promesa de la felicidad: Una crítica cultural al imperativo de la alegría. (Buenos Aires: Caja Negra).

Arendt, Hannah. 2003. La condición Humana. (Buenos Aires: Paidós).

Butler, Judith. 2017. Cuerpos aliado y lucha política: hacia una teoría performativa de la asamblea. (Buenos Aires: Paidós).

Espinosa, Luciana; Greco, María Beatriz; Penchaszadeh, Ana Paula; Ruiz del Ferrier, María Cristina y Sferco, Senda. 2018. ¿Por qué (no) leer a Byung chul Han? (Buenos Aires: Ubu Ediciones).

Foucault, Michael. 2014. Del gobierno de los vivos. (Buenos Aires: Fondo de cultura económica).

Foucault, Michael. 2002. Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. (Buenos Aires: Siglo XXI).

Han, Byung Chul. 2017a. El aroma del tiempo: Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse. (Buenos Aires: Herder).

Han, Byung Chul. 2017b. En el enjambre. (Buenos Aires: Herder).

Han, Byung Chul. 2017c. La agonía del Eros. (Buenos Aires: Herder).

Han, Byung Chul. 2017d. La expulsión de lo distinto. (Buenos Aires: Herder).

Han, Byung Chul. 2017e. La sociedad del cansancio. (Buenos Aires: Herder).

Han, Byung Chul. 2017f. La sociedad de la transparencia. (Buenos Aires: Herder).

Han, Byung Chul. 2018. Sobre el poder. (Buenos Aires: Herder).

Han, Byung Chul. 2014. Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. (Buenos Aires: Herder).

Heidegger, Martin. 1987. Del camino al habla. (Barcelona: Ediciones del Serbal).

Heidegger, Martin. 1962. Ser y tiempo. (Mexíco: Fondo de Cultura Economica).

Marx, Karl. 1958. Ideologia Alemana. (Montevideo: Pueblos Unidos).

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