Seguridad y Geopolítica en Mali

Por Damián Mestre

Breve Introducción al Sahel, el Desierto del Sáhara y a Mali.

Gran Escala.

No es posible hablar del presente caso sin mencionar que muchas de las problemáticas que citaremos no le son exclusivas. El Sahel es, según las actuales nociones de seguridad de España, la “Frontera Avanzada de Europa” (Cnel. Sánchez Herráez, 2022) en vista de que es la orilla sur del Desierto del Sahara por el cual transitan a diario desde elementos tan comunes como mercancías que se comercializan en las ciudades magrebíes, nómades o personas que realizan migraciones circulares para trabajar allí hasta traficantes de armas, narcóticos o personas y organizaciones terroristas de distintos orígenes. Estas rutas por las cuales transcurren esta diversidad de actores son, en ciertos casos, milenarias al punto de basarse en rutas establecidas durante los tiempos de los Imperios Sahelianos como por ejemplo el de Mali, el de Ghana o el Songhai sobre el occidente continental. Y, en vista de que el cambio climático ha expandido un 10% este desierto a lo largo de los últimos 100 años, sus dimensiones están en franco crecimiento.

Ilustración 1: Rutas de tráfico de armas y drogas en Mali que atraviesan el Azawad.

El cambio climático afecta también la distribución de las lluvias: Normalmente, al ser el Sahel una zona mayormente alejada de los vientos húmedos procedentes del Océano Atlántico, las lluvias oscilan entre 200 y 800 milímetros por metro cuadrado anuales.  Pero a causa el incremento de las temperaturas globales ocurre en la actualidad un proceso cuyo resultado es que estas lluvias tienden a la concentración. De este modo, lluvias que otrora regarían la región en 4 meses ocurren en violentas tormentas de aproximadamente 2 días, con lo cual la tierra cultivable fluctúa entre sequías que perjudican su fertilidad o inundaciones que la inutilizan. El resultado es una creciente escasez de recursos y la disputa de los mismos.

Esta escasez recurrente ha conducido en las últimas décadas a un incremento de las hostilidades entre grupos étnicos que, en muchos casos, han optado tradicionalmente por una especialización en sus actividades económicas. De este modo, podemos hallar pueblos de cazadores, de pescadores, de granjeros o pastores que, a su vez, adoptan estrategias de movilización intermitente tales como el ganado transhumante o la rotación de tierras[1] hacia zonas con mayores o menores precipitaciones. Es muy importante destacar esta movilidad de gran parte de la población rural semi-nómade si queremos evitar caer en la “Trampa Territorial” (Agnew, Geopolítica: Una re-visión de la política mundial, 1998) de considerar a los problemas nacionales como aislados. Por el contrario, buena parte de estas sociedades carecen de la noción de “frontera” o de “nacionalidad” como la conocemos. A fin de cuentas, las diferencias entre un país y otro son, en muchos casos, meramente imaginarias aquí, habiendo muchos grupos étnicos cuyo hogar excede las fronteras impuestas por el reparto de África y la descolonización[2].

Esta alta movilidad ha impulsado a las poblaciones rurales que no encuentran su sustento a migrar hacia las grandes ciudades del Magreb mediterráneo o las Capitales sahelianas, de modo tal que ha ocurrido una rudimentaria urbanización acelerada que ha derivado en la creación de “guetos” donde abunda la vivienda precaria, el hacinamiento, la pobreza y los Estados difícilmente logran contener los descontentos. Esta nueva población urbana plagada de necesidades y agrupada según elementos étnicos fatalmente termina por ganarse la vida del modo que sea necesario, muchas veces engrosando las filas de las organizaciones criminales y/o  yihadistas antedichas (Cnel. Sánchez Herráez, 2022).

Escala Intermedia.

Mauritania, Mali, Níger, Burkina Faso y Chad conforman lo que en la estrategia europea se conoce como Sahel G5. Fueron agrupados de esta manera en vista de que comparten ciertas características, a saber:

  • Ex-colonias de Francia.
  • Francés como lengua franca.
  • Surgimiento durante la descolonización de 1960’s.
  • Islam mayoritario.
  • Tolerancia religiosa (a grandes rasgos).
  • Estructuras políticas y judiciales similares.

Con motivo de la influencia francesa en la zona, es conveniente destacar que su dependencia oscila entre la formalidad y la informalidad. Sus procesos de independencia se vieron en cierto punto negociados con la metrópoli a cambio de concesiones en forma de acuerdos bilaterales -algunos de ellos secretos incluso (Diataba Keita, 2022)- de defensa, económicos y de cooperación técnica. Repasándolos brevemente:

Defensa.

La ex – metrópoli goza del derecho de intervenir militarmente para asegurar la estabilidad de estos países de ser esto solicitado por su Presidente o Jefe de las Fuerzas Armadas correspondiente. A su vez, la metrópoli se reserva el derecho a decidir libremente si prestará ayuda militar o no. También goza del derecho a colocar bases militares en su territorio de ser necesario.

Por otra parte, los países firmantes quedan imposibilitados de adquirir armamento militar si no es provisto por la metrópoli. Y, finalmente, han existido cláusulas que prohibían realizar procesamientos judiciales a los militares interventores en caso de violaciones de derechos humanos a la población nativa (Diataba Keita, 2022).

En el caso de Mali, estos acuerdos habían sido desechados durante la década de 1960 por el primer presidente del país -de tendencia socialista-. Sin embargo, un acuerdo de este tipo fue firmado recientemente a fuerza de necesidad ante el avance de los insurgentes.

Economía.

En la mayoría de los casos los países que debieron negociar su independencia con Francia debieron aceptar el uso de una moneda denominada FrancoCFA utilizada tanto en la Comunidad Económica y Monetaria del África Central como en la Unión Económica y Monetaria del África Occidental. Esta moneda es emitida por el banco estatal francés y todo país usuario está obligado a depositar parte de sus reservas allí. Posteriormente, el mismo banco se las ofrece en forma de préstamos a tasas de interés variable muchas veces nombrados como “Ayuda para el Desarrollo”. En 2019 el presidente Emmanuel Macrón decidió cambiar el nombre de la moneda por ECO y se planteó la posibilidad de modificar este sistema. Sin embargo la llegada del Covid-19 congeló toda expectativa de cambio.

Además, los sectores más importantes de estas economías están oligopolizados por empresas de capitales franceses tales como TOTAL[3] para la extracción petrolera, la estatal Areva para el sector de la minería y otros productos energéticos, Orange en el área de las finanzas en general y las telecomunicaciones, Balloré en el ámbito del transporte, la logística y la gestión de los principales puertos, etc. También hay una gran incidencia de los bancos franceses en el mercado de capitales de estos países, pero no un oligopolio debido a la llegada de nuevos prestamistas del orden internacional, como China.

Cooperación Técnica.

Todo esto es posible por la existencia de una ingente cantidad de funcionarios que operan sobre esto países en favor de los intereses franceses. Una vez acabada la gestión colonial, una parte no despreciable de los antiguos gestores de estas antiguas administraciones siguieron adelante en sus funciones de facto, ahora con el nombre de “cooperantes técnicos”.  Según datos de la Direction de la Coopeération de Sécurité et de la Défense, durante el año 2015 el 75% de estos Coopérants estuvieron destinados en el África Sahariana, mientras que un 15% en el África del Norte. Ocupan puestos de relevancia en cada Ministerio, despacho presidencial y/o Estado Mayor como consejeros y a la vez, informantes para la metrópoli. De este modo, en caso de que un presidente considerara la posibilidad de cortar los lazos neocoloniales con París y acercarse a una potencia rival, las autoridades francesas podrían optar por una u otra estrategia para removerlo y colocar en su lugar a élites políticas más francófilas y convenientes.

En este caso conviene recordar que la Soberanía Monetaria es la manifestación concreta de la soberanía de un Estado (Agnew, 2006). Si considerásemos los distintos regímenes de soberanía que el autor clasifica, el caso de Mali coincide casi a la perfección con la descripción del “Imperialista” en vista de que la autoridad estatal es cuestionada por la dependencia, la manipulación externa, la corrupción y la mala administración a la vez que se ve amedrentado por amenazas separatistas y una integración infraestructural muy defectuosa. Tampoco podemos hablar de un poder estatal despótico completo y a partir de la intervención europea, el existente fue mayormente apropiado por potencias extranjeras.

Pero la característica más relevante de esta conformación (SahelG5) es que han logrado crear una fuerza militar conjunta a la que cada país aporta alrededor de 2000 efectivos de su ejército nacional y que tiene la prerrogativa de poder perseguir a grupos criminales o terroristas hasta 100 km dentro del territorio de los países que conforman este grupo.

Esto no garantiza, sin embargo, la seguridad. Por el contrario, a medida que mayores son los recursos que estos Estados invierten en la lucha contra los insurgentes y la Yihad, menores son los recursos que pueden invertir en su propia población, incluyendo grandes áreas de la seguridad interna. Esto implica que cada grupo étnico termina por formar milicias de auto defensa que, eventualmente, resuelven las diferencias entre comunidades mediante la lucha armada. Estos conflictos solían ser mediados por los ancianos de estas comunidades, pero la influencia cultural extranjera y el incremento de la natalidad -que ha aumentado el porcentaje de jóvenes sobre el total de la población- han menguado su capacidad para pacificar a estas comunidades. En consecuencia, el número de muertes violentas en la región ha crecido desde 2017 en adelante y pocas son las soluciones visibles al corto plazo, signado este proceso en la actualidad por la guerra entre Rusia y Ucrania que hace de los precios del combustible y los alimentos un aliciente más para el conflicto.

Escala Local.

Mali no es ajeno  a esta caracterización. Se divide en 8 regiones administrativas de las cuales 3 podrían ser consideradas como “desértico-saharianas”: Gao, Kidal y Tomboctú. La desproporción no puede ser más evidente: Las altas temperaturas y la carencia de tierras cultivables y fuentes de agua dulce hace de estas regiones (que representan 2/3 de la superficie total del país) un sitio inhóspito en el que solamente habita un 10 % de la población maliense. Sin embargo, su complejidad no acaba aquí.

Se trata también de un país étnicamente dividido, siendo la etnia Bambara la más importante y las de los nómades Tuareg/Bereberes las que más nos interesan a efectos de la presente monografía. Estas últimas (que por comodidad llamaremos solamente Tuareg al ser las árabo/bereberes muy minoritarias) han reclamado históricamente la independencia del territorio comprendido entre las 3 regiones antedichas, Níger y el sur de Algeria, el cual recibe el nombre de Azawad y por cuyo interés indagará en primer lugar esta monografía.

Ilustración 2: Distribución geográfica de los principales grupos étnicos de Mali.

Si bien las disputas en esta zona no son completamente nuevas, sí es cierto que la intervención europea en Libia y el consecuente derrocamiento de Muamar Gadafi en 2010 impulsó enormemente la causa tuareg en vista de que este pueblo había sido un aliado del fallecido ex-dictador y -una vez depuesto éste último- los mercenarios prescindentes retornaron al Azawad maliense con nuevas armas y entrenamiento, dispuestos a llevar adelante la insurgencia independentista. Existen voces calificadas que afirman que hay actores que responden a los intereses de Francia y apoyaron a los rebeldes (Diataba Keita, 2022), pero por el momento nos concentraremos en las condiciones del conflicto.

Ahora bien, cabe preguntarnos: ¿Es racional luchar, matar y posiblemente morir por un territorio desprovisto de recursos naturales básicos tales como corrientes de agua dulce significativas o siquiera terreno cultivable con el cual sustentar una población? Planteado de otro modo, ¿Qué es lo que hace de Mali y de su territorio sahariano motivo de disputa?

Geografía de Mali: Movilidad estratégica y Recursos Naturales.

Perspectiva de los Recursos Naturales.

La economía maliense no aparenta ser, basándonos en un primer análisis de sus exportaciones, un objetivo realmente apetecible sobre el cual destinar recursos para controlar. Se trata de una economía predominantemente agraria y con algunos enclaves mineros de exportación del oro además de un raquítico sector secundario y terciario. El antedicho mineral se encuentra en el norte del país, siendo una fuente de desestabilización al tratar de ser sus minas apropiadas por movimientos independentistas, yihadistas y/o de crimen organizado –lo cual les garantizaría una fuente de ingresos inigualable-.

¿Cómo explicar la lucha por el territorio del Azawad entonces, siendo este árido y poco menos que inhabitable salvo por las riberas del Río Níger hacia el sur y por algunas explotaciones de algodón que tampoco destacan especialmente por su rentabilidad? El oro no es la única fuente de conflicto en esta región.

Quien lee el presente texto ha afirmado que “Las fuentes naturales de la energía condicionan su valor, pero también lo hacen las estrategias que despliegan los actores para modificar la realidad. En ese entramado heterogéneo de acción y reacción humana podemos incluir a la búsqueda de tecnologías y fuentes alternativas, las maniobras especulativas de los mercados financieros, las demandas comunitarias y aún a la competencia que los actores no estatales mantienen con los estados nacionales […]. La ‘nueva geopolítica de los recursos naturales’ busca convertirse en una teoría del conflicto contemporáneo y sigue siendo una tesis influyente […] Pese a que su visión binaria de un mundo dividido entre importadores y exportadores de recursos ha demostrado ser insuficiente para el análisis de los mecanismos sociales y políticos de la conflictividad” (Burdman, REVISANDO LA (NUEVA) GEOPOLÍTICA DE LOS RECURSOS NATURALES: PERSPECTIVAS CLÁSICAS Y CRÍTICAS, 2019). He allí que debemos introducir en nuestro análisis un elemento estratégico como lo es el Uranio.

Este metal radioactivo es de fundamental importancia para la generación de energía nuclear, funcionando como una suerte de combustible para los reactores que la producen. A continuación, se presentarán los 5 países que mayor consumo de energía nuclear poseen en relación al resto del mundo (Statista.es, 2021), a su consumo total de energías (nucleares y no nucleares) y a su rol como productores:

1.     Estados Unidos.

Consume un 30,8% de la energía nuclear global de la cual produce un 30,9%, siendo un 19,7% de su consumo energético total.

2.     China.

Consume un 13,8% de la energía nuclear global de la cual produce un 13,5%. No hay datos sobre su consumo energético total.

3.     Francia.

Consume un 13,1% de la energía nuclear global de la cual produce un 13,3%, siendo un 70,6% de su consumo energético total.

4.     Rusia.

Consume un 8% de la energía nuclear global de la cual produce un 7,9%, siendo un 20,6% de su consumo energético total.

5.     Corea del Sur.

Consume un 5,9% de la energía nuclear global de la cual produce un 6%, siendo un 29,6% de su consumo energético total.

Cabe destacar que, entre los 15 países más dependientes de la energía nuclear, 14 eran europeos y que Francia encabeza la lista a nivel mundial (Revista Hemisferios, 2022). Estas cifras nos revelan que la seguridad energética de algunos de los países más importantes del mundo en lo económico, militar y político dependen del suministro de uranio.

A continuación, se presentarán los mayores productores de uranio medido en toneladas a escala global (World Nuclear Assosiation, 2021):

  1. Kazajistán: 21.819
  2. Australia: 4.192
  3. Namibia: 5.753
  4. Canadá: 4.693
  5. Uzbekistán: 3.500
  6. Níger: 2.248
  7. Rusia: 2.635

Rusia, el actor internacional de peso implicado actualmente en la estrategia de seguridad de Mali, goza de una estimable influencia en países de la ex – esfera soviética tales como Kazajistán y Uzbekistán así como de lazos generados durante la Guerra Fría con diversos países del África post-colonial.

Puede que su interés actual por Mali se relacione con el control de este recurso tan necesario para la seguridad energética de los países. Existe más de una opinión informada que afirma la potencialidad de la explotación de uranio en Mali -que ya ha comenzado en la región de Fálea- así como de otros recursos energéticos: “El petróleo y el gas existen en cantidades importantes en cinco cuencas en que se descompone la cuenca de Taoudeni, al norte de Malí; a la vez, es una cubeta donde el depósito central alcanza cinco mil metros de espesor y una superficie situada sobre una extensión de 1.5 millones de kilómetros cuadrados (800 000 en Malí) que comparten todos los estados vecinos de Malí (Níger, Mauritania, Burkina Faso y Argelia)” (Serrano Caballero, 2013).

No resulta trivial entonces especular que quien controle el Azawad, controla los puntos estratégicos para avanzar hacia una multitud de países -y, especialmente, hacia Níger (Rodríguez, 2013)-. Con respecto a éste último: “Malí, por razones estratégicas, es la principal ruta de transporte del uranio procedente de Níger, primer suministrador de mineral a las centrales nucleares francesas” (Serrano Caballero, 2013).

Ilustración 3: Distribución de los recursos naturales estratégicos en el Sáhara y el Sahel.

Si es cierto, como afirma la Nueva Geopolítica de los Recursos Naturales, que el mundo se divide entre países importadores y exportadores de energía, entonces encontramos una explicación para el porqué las élites malienses escogieran como aliado a un país “exportador” tal como Rusia antes que a otros “importadores sustitutos” que, a fin de asegurar su suministro de uranio, siguieran sometiendo a este país africano por medios poco humanitarios. La presente conjetura es que estas élites prefirieron estar bajo la influencia de un país que no necesitase de sus recursos con tanta premura y se contentara con otras formas de explotación.

Perspectiva Estratégica.

Pero volviendo al tópico de la movilidad, partimos desde la siguiente premisa: Los desiertos del Sáhara que otrora Halford Mackinder considerara barreras naturales capaces de aislar al continente europeo por el sur se han transformado, gracias al adelanto tecnológico presente, en una suerte de “estepa” de facto en tanto que son áreas de gran movilidad terrestre. Debemos citar a este respecto al Cnel Sánchez Herráez (2022): “Quien aprende a transitarlo [al Sáhara] poseerá una ventaja estratégica, comercial, política y militar”. Conocer sus dunas, sus vientos y la ubicación de los oasis es tan importante como conocer las corrientes oceánicas o las estrellas para un navegante. Esto es especialmente cierto cuando tomamos conciencia de que en muchos casos no es posible contar con GPS´s ni orientación alguna más que la brújula y el propio ingenio para desplazarse por los arenales.

Retomando entonces el planteo mackinderiano, aquella fuerza militar o político-militar que de facto domine la movilidad en el desierto del mismo modo que los mongoles o los pueblos túrquicos dominaron la estepa lograrán establecer un control efectivo de las rutas de las que tanto el narcotráfico y el terrorismo internacional como el comercio y las redes migratorias se sirven para avanzar hacia Europa.

Ilustración 4: Rutas internacionales de tráfico de drogas desde Latinoamérica.

Como venimos afirmando, Mali no es una nación más del África occidental, sino que goza de una posición estratégica en tanto que con sus 1.240.192 km2 de superficie abarca sendos espacios tanto de la franja del Sahel como del Sáhara. Más aún, es atravesado en su mayor parte por el Río Níger -el tercer río más largo de África-, que sirve de vaso comunicante no sólo entre las regiones saheliana y sahariana del propio país sino también con otras naciones tales como Níger, Benín o Nigeria y, finalmente, con el Océano Atlántico y desde allí al resto del mundo. En vista de que su corriente se mueve en dirección al este, los actuales centros político-administrativos del país se encuentran sobre la margen occidental del río. Entre ellos, la capital de Bamako. Es justamente al margen de esa ciudad donde comienza a ser navegable, facilitando la comunicación- y por lo tanto el control- desde allí al resto del país.

Ilustración 5: Ubicación y alcance del Río Níger.

Tras el derrocamiento del régimen de Gadafi en Libia, la estabilidad de la zona se ha visto perjudicada, llegando las organizaciones yihadistas, independentistas y/o de crimen organizado a controlar sendos territorios del Azawad sahariano. Esto lo ha convertido en un lugar de entrenamiento para esta clase de formaciones armadas.

Relaciones Internacionales y Relaciones de Fuerza.

La Perspectiva Militar.

Hacia el año 2012 los insurgentes reforzaron sus ataques al punto que la estabilidad de la misma capital, Bamako, se vio comprometida. El territorio del Azawad, carente de todo Estado con capacidad bélica para defenderlo, fue mientras tanto “colonizado” por más de una organización terrorista, frente a las cuales los Tuareg no siempre pudieron imponerse.

Ante esta desesperante situación, las élites del país se vieron en la necesidad de activar los acuerdos de defensa preexistentes, autorizando la intervención francesa en Mali y el establecimiento de bases militares del país galo. No nos explayaremos respecto al desarrollo de la contrainsurgencia en tanto se trata de conocimientos de estrategia militar de los que carecemos, pero debemos destacar que la Operación Serval -que no se concentró exclusivamente en Mali- fue, a grandes rasgos, efectiva.

Más tarde, en 2014, la operación Serval daría paso a la Barkhane, que continúa activa al día de hoy junto a la Operación Takuba, desplegada en 2020, que actúa sobre áreas similares pero suma a las formaciones castrenses de otros Estados.

Ilustración 6: Distribución geográfica de las acciones de los distintos grupos armados insurgentes.

Sin embargo, hay voces disidentes que afirman que Francia no solo no acabó con el problema sino que contribuyó a exacerbarlo al mantenerlo vivo como una forma de perpetuar su presencia allí (Diataba Keita, 2022). De hecho, se especula con cierto contrabando de información desde las fuerzas francesas hacia los rebeldes e incluso protección contra las acciones del ejército maliense, lo cual contribuyó al deterioro de las relaciones entre este último y las tropas interventoras. Este doble juego fue especialmente notable una vez retomadas las regiones de Gao y Tombuctú, cuando la región de Kidal sobre el norte del país -bastión último de las formaciones armadas- fue “protegida” por Francia contra los esfuerzos de Mali, para mayor resentimiento de sus Fuerzas Armadas.

Ilustración 7: Distancia entre Tombuctú, Gao y Kidal.

Pero a esto hay que agregar las víctimas civiles y las violaciones de los derechos humanos cometidas por los europeos. No nos explayaremos demasiado puesto que es muy poca la información confiable al respecto, pero podemos estimar con mucha confianza más de 100 muertos civiles durante operaciones conducidas por las fuerzas francesas. Más concretamente durante el año 2021 el ejército galo bombardeó poblaciones civiles en la zona de Bunti asesinando en el acto a al menos una centena de pobladores ajenos a la situación. La ONU reconoció la responsabilidad francesa del hecho en vista de que eran la única fuerza militar en el territorio  con el poderío aéreo necesario para esa clase de operaciones.

Hay más de una acción militar de este tipo pero la carencia de estadísticas fiables no permite aventurar más al respecto en términos de muertos y/o heridos[4].

Ilustración 8: Países en los que fue desplegada la Operación Barkhane.

La Perspectiva Cultural.

¿Es posible explicar geopolíticamente el rechazo de los malienses a la presencia francesa y su opción por Rusia? Es decir, podemos explicar con relativa facilidad el rechazo de un país africano post-colonial a sus antiguos colonizadores o incluso a los países centrales de occidente. ¿Pero qué es lo que hace que optase por el país eslavo antes que por otras potencias también opuestas -o en ligera disidencia- con los intereses occidentales? En esta línea se destacan por su influencia en el África tres naciones con pasado imperial: La China de Xi-Jingping, la Turquía de Recep Erdogan y la Rusia de Vladimir Putin.

Si uno tomase al pie de la letra las propuestas de Huntington (The clash of civilizations, 1993), la opción más próxima para una nación suní como Mali sería Turquía. Pero no es a este país al que se ha recurrido, aún siendo quizás la Turquía moderna la potencia regional sunní menos subordinada al Occidente que podamos imaginar. Podríamos también barajar la posibilidad de una “Conexión Islámico-Confuciana” que nos indicaría que un país de abrumadora mayoría musulmana como lo es Mali -95% de su población total- (United States Department of State, 2015) y de larguísima tradición como tal -desde el siglo 9 DC en adelante- debería decantarse por China. Sin embargo, esto tampoco ha sido así.

¿A qué se debe? De acuerdo con los contenidos de este autor, existen tres subdivisiones de la Civilización Islámica: La malaya, la túrquica y la árabe. Resulta contradictorio excluir a Mali de esta civilización al no entrar dentro de ninguna de estas tres vertientes ya que, como el mismo Huntington explica, es posible ser ciudadano de dos nacionalidades distintas o de dos grupos étnicos como mestizo, pero no es posible ser creyente de dos religiones a la vez. En otras palabras, la religión es el factor decisivo para encuadrar a una nación en determinado entramado civilizatorio.

Si excluyéramos a Mali de la civilización islámica, nos veríamos obligados a interpretar que pertenece a la Africana, que describe como “pagana, animista y ahora crecientemente cristiana”. Difícilmente podamos asociar a los malienses con el paganismo que hace tanto tiempo fue desplazado con la llegada del Islam. Y, si obviamos esa consideración religiosa, probablemente hayamos vaciado al “africanismo” de contenidos, quedando solamente la característica fenotípica “black” para decribirlos. He allí que el marco teórico propuesto por este pensador resulta ineficiente para interpretar la realidad maliense actual.

Pero el objetivo de esta monografía no es criticar el “reduccionismo africano” de Huntington -otros autores lo han hecho mejor y con mayores fundamentos (Djaló, 2009)- sino proponer una interpretación alternativa a la luz de los hechos: La idea de que la opción por Rusia se explica en términos civilizatorios en tanto la Civilización Eslava-Ortodoxa es aquella que mayor conflicto tiene para con el Islam que representarían los rebeldes independentistas del Azawad sahariano (cuyos principales protagonistas son los nómades tuareg, históricamente relacionados con la civilización árabe islámica). Si optáramos por pensar esto, es posible explicarnos que un país de la civilización africana se aliase con una potencia eslavo-ortodoxa como lo es Rusia. Una vez agotada toda posibilidad de reconciliación con el Occidente para luchar contra los islámicos, carecería de sentido aliarse con otras potencias también musulmanas o con las confucianas, que son potenciales aliadas del Islam.

Por supuesto, quien esto escribe presentaría otros argumentos (que carecen de dimensión geopolítica) para explicar este acercamiento, pero no deja de resultar interesante una reinterpretación de Huntington a este respecto -o, al menos, más interesante que descartar sus hipótesis a raíz de predicciones fallidas o reduccionismos-.

Ilustración 9: Visita del Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, a Mali.

Por supuesto, el acercamiento de las élites golpistas posteriores a la toma del poder en 2020 a Rusia no fue para nada bien visto por los analistas franceses, de modo tal que la Embajada Francesa comenzó un plan de desestabilización que ayudara a remover a la nueva dictadura del poder para colocar a otras élites más afines a sus intereses (Diataba Keita, 2022). Las sanciones internacionales sumadas a este plan de desestabilización desencadenaron un impasse diplomático cuyo desenlace fue la expulsión de estos funcionarios y de sus colaboradores como un intento de disminuir la influencia francesa en el país. A la brevedad le siguió la retirada de buena parte de las tropas interventoras estacionadas en Mali.

Conclusiones

El Grupo Wagner y la influencia de Rusia:

¿Una alter-geopolítica propia o un rechazo a la geopolítica francesa?

El desembarco del Grupo Wagner en el país ha dado comienzo a un período de profundización de la dependencia para con Rusia acelerado y signado por la firma de contratos para explotación de yacimientos mineros por capitales rusos, establecimiento de medios de comunicación del mismo orden, compra de productos energéticos y alimenticios  y negociaciones por el estilo relacionadas a servicios públicos básicos. También la contratación de servicios de seguridad anexos al Grupo Wagner así como de armamento militar ruso destacan, incluyendo la adquisición de 4 helicópteros de combate del país eslavo (Naranjo, 2022). Es decir, es un intento por diversificar la dependencia de este país africano precipitadamente.

Ilustración 10: Manifestación callejera frente a la embajada francesa en Bamako.

En materia de seguridad no podemos concretar una mejoría notable pero sí un resurgimiento de las estimaciones de muertos y heridos en la lucha contrainsurgente. Al contrario que durante años anteriores las muertes cuyo autor es el propio ejército maliense han vuelto a ser estimadas por los medios occidentales. Se cree que algunas de sus incursiones más cruentas alcanzan la cifra de 300 víctimas contabilizando masacres civiles. Sin embargo, preferiremos no especular con esta información puesto que tampoco es del todo confiable al provenir, muchas veces, de emisores interesados en el tema.

Concluyendo, la pregunta final de esta monografía es: ¿Podemos observar la presencia de un nuevo código geopolítico en el país o se trata de un mero rechazo a la geopolítica francesa? Responder a esta pregunta implicaría un estudio mucho más pormenorizado y un acceso privilegiado a información que nos resulta inaccesible. Por lo tanto, no tenemos una respuesta definida a ese respecto.

Pese a ello, conjeturamos que existe una visión geopolítica (Burdman, 2020) que consiste en que los malienses piensan el norte de su país como un peligro constante frente al cual uno puede, como mucho, cambiar de potencia de la cual depender pero jamás abandonar completamente la dependencia. También podemos inferir que la mayor parte de la opinión pública y las instituciones castrenses del país seguirán rechazando, por un tiempo, cualquier forma de acercamiento con la ex-metrópoli con el mismo fervor con el que un argentino rechazaría que sus élites políticas negocien cesar en su reclamación de las Malvinas. Esto último tiene sus implicaciones sobre el corto plazo.

Nos permite aventurar que si la cooperación militar rusa de facto resulta exitosa esto representará un ejemplo para el resto de los países de la región (cuyo militarismo se encuentra en ciernes) y podría crearse un nuevo código geopolítico neoindependentista que llamara a establecer lazos -por asimétricos que sean- con potencias no-occidentales como una forma de eliminar los resabios de los lazos neocoloniales franceses. Y esto no podrá ser realizado bajo el signo de gobiernos democráticos (o aparentemente democráticos) debido a la monolítica influencia de los galos, augurando la expansión de los autoritarismos anti-occidentales en la región. Si tal cosa ocurriese, esto podría representar el intento de una Segunda Descolonización del África saheliana en el ideario africano y anti-occidentalista en general.

Ilustración 11: Manifestación callejera a favor del gobierno militar en 2020.


[1] Tanto fronteras como propiedad privada son vulneradas sistemáticamente en estos casos.

[2] Pese a lo que uno pudiese suponer, este status quo territorial es, sin embargo, la mejor alternativa a la conformación territorial de los Estados africanos post coloniales ya que, según la visión de ciertos líderes africanos, reconformar territorialmente el espacio continental equivaldría a iniciar una lucha que cobraría las vidas de innumerables generaciones.

[3] Con la competencia ocasional de la española REPSOL.

[4] El propio ejército maliense ha llevado a cabo ejecuciones sumarias por cuenta propia de las que aún menos información disponible hay, de modo que ni siquiera es posible estimarlas.


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