El “modelo de llegada peronista” en el discurso de asunción presidencial de Néstor Kirchner

Por Juan Cruz Acebey Marinaro

Resumen

El siguiente trabajo se propone realizar un análisis exhaustivo del discurso de asunción presidencial de Néstor Kirchner, quien asumió la presidencia de la Nación Argentina el 25 de mayo de 2003 y concluyó su mandato el 10 de diciembre de 2007. Kirchner pronunció su discurso de asunción frente a la Asamblea Legislativa. En dicho discurso, Kirchner realizaría un diagnóstico de la situación de la Argentina, haciendo foco en las problemáticas en las que le tocaba asumir la presidencia y señalando también los lineamientos programáticos de su gobierno. La hipótesis de este trabajo es que, en este discurso, Kirchner desplegó un “modelo de llegada peronista”, concepto formulado por Silvia Sigal y Eliseo Verón tras analizar los discursos de Juan Domingo Perón. El despliegue de un “modelo de llegada” fue una forma de construir legitimidad en un contexto de crisis de representación. A su vez, sostenemos que este discurso tuvo como destinatario principal a la ciudadanía argentina, ya que el presidente Kirchner buscaba que este actor le brindara la legitimidad que no le habían dado las urnas al haber asumido con el 22% de los votos.

Palabras clave: Análisis de discurso político; condiciones de producción; modelo de llegada; Néstor Kirchner.

I-Introducción

En el siguiente trabajo nos proponemos realizar un análisis del discurso presidencial de asunción de Néstor Kirchner, quien fue presidente de la Nación Argentina entre el 25 de mayo de 2003 y el 10 de diciembre de 2007. El objetivo del trabajo es indagar la dimensión discursiva de un fenómeno como lo es el kirchnerismo. Nuestra hipótesis es que el discurso de asunción de Néstor Kirchner da cuenta de un “modelo de llegada peronista”, concepto formulado por Silvia Sigal y Eliseo Verón (2014) tras realizar un análisis de los discursos pronunciados por Juan Domingo Perón.

El fenómeno kirchnerista ha sido abordado en diversos trabajos, tanto en su dimensión netamente política como en su dimensión discursiva. Algunas de esas investigaciones son aportes interesantes para la investigación de la dimensión discursiva de un fenómeno como el kirchnerismo. Entre esos aportes pueden mencionarse los trabajos de Dagatti (2012), Montero (2007 y 2012) y Vitale (2013). Estos trabajos ponen el foco en el ethos presidencial, esto es, la imagen construida por Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner a través de sus discursos. Si bien existen varios trabajos sobre el kirchnerismo en tanto fenómeno discursivo, nuestro trabajo propone un nuevo enfoque al señalar que el discurso de asunción de Néstor Kirchner se inserta dentro de un “modelo de llegada”.

Nuestro trabajo contará con tres partes. En una primera parte expondremos el marco teórico sobre el que nos sustentamos para realizar este análisis. Comenzaremos exponiendo las elaboraciones teóricas de Eliseo Verón. Tomaremos sus conceptos de semiosis social y la importancia del estudio de los discursos, el concepto de discurso político, entendiéndolo como un género particular dentro de los discursos y exponiendo los elementos que lo caracterizan, definiendo los conceptos de condiciones de producción, circulación y reconocimiento, y también los destinatarios a los que se dirige el discurso político. Por otro lado, vamos a desarrollar “el modelo de llegada peronista” formulado por Sigal y Verón (2014) en su libro Perón o muerte. La comprensión de estos conceptos es clave para realizar el análisis de un discurso, y los utilizaremos articulándolos con nuestra hipótesis.

En una segunda parte procederemos a realizar el análisis del discurso de asunción presidencial de Kirchner. Realizaremos el análisis con el objetivo de demostrar nuestra hipótesis, utilizando aquellos fragmentos que construyen un “modelo de llegada”. Desplegar en el discurso un “modelo de llegada” deviene del hecho de que Kirchner precisaba construir legitimidad para poder gobernar y erigirse como líder presidencial. Por último, un apartado de conclusiones en el que plasmaremos los hallazgos a los que hemos llegado tras analizar el discurso de asunción de Néstor Kirchner, exponiendo los aportes al análisis del kirchnerismo en tanto fenómeno significante.

II-Algunas definiciones para el análisis del discurso

Semiosis social y discurso político en Eliseo Verón

Para Eliseo Verón todo fenómeno social tiene una dimensión significante en tanto todo fenómeno social trae aparejado un sentido, y es a partir de ello que postula el concepto de semiosis social. “Por semiosis social entiendo la dimensión significante de los fenómenos sociales: el estudio de la semiosis es el estudio de los fenómenos sociales en tanto proceso de producción de sentido” (Verón, 1988: 125). Toda producción de sentido es social, ya que ningún proceso de producción de sentido puede ser explicado sin abordar las condiciones sociales en las que fue producido, y, al mismo tiempo, entiende que todo fenómeno social es, en una de sus dimensiones constitutivas, un proceso de producción de sentido (Verón, 1980).

Teniendo como punto de partida este doble anclaje (concebir a lo social como significante y a lo significante asentado en lo social), Verón proponía estudiar los discursos, ya que en éstos el sentido muestra sus determinaciones sociales y los fenómenos sociales plasman su dimensión significante. Los discursos son configuraciones espacio-temporales de sentido, son parte de la red infinita de la semiosis social y su estudio permite reconstruir un sentido (Verón, 1980 y 1988).

Para Verón, todo discurso social circula entre ciertas condiciones de producción (CP) y ciertas condiciones de reconocimiento (CR). Las CP son aquellas determinaciones del contexto que dan cuenta de restricciones al momento de que se genere un discurso en particular. Las CR son aquellas restricciones existentes en el momento de recepción de un discurso. En ese sentido, se postula que el análisis de los discursos supone realizar una “descripción de las huellas de las condiciones productivas en los discursos, ya sean las de su generación o las que dan cuenta de sus ‘efectos’” (Verón, 1988: 127).

Para poner en relación un discurso con sus condiciones de producción y reconocimiento se postula el concepto de gramáticas. Estas son concebidas como un sistema de reglas sobre la vinculación de un discurso con sus CP y sus CR, y el foco se pone en las operaciones de asignación de sentido manifestadas en los fragmentos de un discurso. Es importante realizar dos aclaraciones: por un lado, las condiciones de producción no remiten únicamente a lo material, ya que en esas condiciones están presentes discursos previos; y, por otro lado, sólo es posible postular que un discurso tendrá un conjunto de efectos de sentido posible, pero para indagar sus condiciones de reconocimiento será necesario tomar otro discurso (Verón, 1980 y 1988).

Tomando como punto de partida su teoría de los discursos sociales, Verón postula que es posible establecer una tipología de juegos o campos discursivos, siendo uno de esos campos el político. Esto se corresponde con la noción de géneros discursivos que propone Bajtin (1982), ya que entendía que cada esfera de la vida humana presentaba ciertas condiciones y objetos particulares que se veían plasmados en enunciados con cierta composición y estructuración. Ese conjunto de enunciados característicos de cada esfera de la praxis humana daba lugar a los géneros discursivos.

Para Verón, el discurso político tiene la particularidad de ser producido por la institución partidos políticos. Además, presupone tres destinatarios. En primer lugar, un destinatario que comparte valores y creencias con quien toma la palabra, siendo así un destinatario positivo o prodestinatario (o también llamado adherente) que mantiene un lazo de creencia con el enunciador y de allí deviene la conformación de un colectivo de identificación. En segundo lugar, un destinatario que establece un lazo de inversión de la creencia con el enunciador, es decir que, si una cosa es buena para el enunciador, será mala para este sujeto denominado contradestinatario o adversario. Por último, el denominado paradestinatario, cuyo rasgo principal es la suspensión de la creencia con el enunciador, siendo aquel sujeto identificado como indeciso y que busca ser persuadido (Fair, 2008; García Negroni, 2016; Verón, 1987). En base a lo expuesto, Verón va a afirmar que el discurso político presenta tres funciones que lo distinguen de los demás juegos/campos discursivos: “El discurso político es un discurso de refuerzo respecto del prodestinatario, de polémica respecto del contradestinatario y de persuasión sólo en lo que concierne al paradestinatario” (1987: 18).

El enunciador, en su discurso, va a entablar una relación con distintas entidades. En primer lugar, podemos mencionar los colectivos de identificación, se trata de un colectivo que remite a la relación que entabla el enunciador con sus prodestinatarios para constituir un “nosotros”, y suele ser explicitado en el discurso (por ej., “nosotros, los trabajadores”). También puede haber formas de identificar a los contradestinatarios utilizando algún colectivo de identificación del que se va a diferenciar el enunciador. Por otro lado, se encuentran los colectivos más abarcadores como “los argentinos” o “los ciudadanos”, que tienen como propósito la interpelación de los paradestinatarios. Luego se hallan los meta-colectivos singulares, que asumen un carácter de singular ya que no pueden fragmentarse o cuantificarse, y son ejemplos de meta-colectivos “la Argentina”, “el país”, “el Estado”. (García Negroni, 2016; Retamoso, 2010; Verón, 1987).

Asimismo, el enunciador puede hacer uso de formas nominalizadas. Se trata de expresiones que tienen autonomía semántica respecto del contexto discursivo en el que son pronunciadas. Estas expresiones tienen una función sustitutiva, ya que expresan la doctrina o posición política del enunciador, pudiendo tener una carga positiva si simbolizan el posicionamiento del propio enunciador o negativa si refieren al contradestinatario. Las formas nominalizadas que podemos mencionar son: la democracia, el cambio sin riesgos, que son de carga positiva, o la vieja política, la decadencia, que son formas nominalizadas con carga negativa. Existen otro tipo de nominalizaciones que “poseen un poder explicativo y son verdaderos operadores de interpretación: su utilización supone un efecto inmediato de inteligibilidad por parte, al menos, del prodestinatario” (Verón, 1987: 19). Los ejemplos de este tipo pueden ser “el ajuste” o “el imperialismo” (Dagatti, 2013; Retamoso, 2010).

Las entidades que hemos mencionado se manifiestan dentro de un enunciado político. Éste se articula mediante los componentes o zonas discursivas, los cuales son: descriptivo, prescriptivo, programático, interpelativo y didáctico. El discurso político se despliega atravesando estas distintas zonas o componentes. El componente descriptivo constituye aquella parte del discurso político en la que el enunciador realiza un balance de situación, una lectura del pasado y la actualidad. Esa lectura del pasado se da a partir de cierto saber colectivo en articulación con la figura del líder/enunciador. El componente didáctico también procede de un saber, pero, a diferencia del componente descriptivo, aquí el enunciador no evalúa una situación, sino que enuncia un principio general o verdad universal, por lo que en esta zona discursiva no se manifiestan marcas de subjetividad. El componente prescriptivo remite a aquello que dentro del discurso pertenece al orden del deber. El enunciador expresa que algo es indispensable. También está el componente interpelativo, que refiere a aquellas zonas del discurso en las que el enunciador trata de interpelar al auditorio, buscando movilizar afectos para generar apoyos. Por último, el componente programático es aquel en el que el enunciador anuncia y promete, expresando las medidas que llevará adelante.

Como señalamos antes, para Verón, uno de los elementos que define al discurso político es que la institución que lo produce son los partidos políticos. Sin embargo, esta concepción debe hacerse extensiva, porque un discurso político también puede ser producido por sindicatos, organizaciones gremiales, movimientos sociales y líderes políticos. En sentido con esta ampliación de un discurso político, nos parece pertinente retomar lo señalado por Mariano Dagatti, quien señala que “los discursos políticos están destinados a movilizar a los distintos sectores del cuerpo social en torno a determinados objetivos o consignas” y además “son instancias de mediación que intervienen en el vínculo entre las fuerzas políticas y los ciudadanos, regulando las demandas sociales, las formas de delegación y los horizontes de expectativas” (2012: 56). Puede afirmarse, entonces, que el discurso político puede funcionar como instancia de mediación entre un presidente y los ciudadanos, y puede ser un elemento clave para construir su legitimidad y movilizar afectos de sectores sociales. Esto queda plasmado en el trabajo realizado por Arnoux (2004) al indagar los discursos pronunciados por Rodríguez Saa durante su presidencia y por Duhalde durante su primer mes como presidente. Dentro de los discursos pronunciados por un presidente, el discurso de asunción resulta de los más importantes, ya que en ese discurso se definen lineamientos ideológicos, políticas a implementar, la identidad que el presidente busca constituir y la definición de una audiencia y adversarios (Vitale, 2013).

El modelo de llegada peronista

Sigal y Verón (2014) realizaron, en su libro Perón o muerte, un análisis del peronismo, buscando comprender la dimensión simbólica. Entendían que la comprensión de un fenómeno como el peronismo no podía alcanzarse sin abordar su dimensión simbólica. Por eso, realizaron un trabajo en torno a los discursos de Perón desde su aparición en la escena pública a partir de su integración al gobierno militar que llegó al poder en junio de 1943. Los autores, además de abordar las condiciones de producción de la discursividad de Perón, trabajaron también la circulación de los discursos durante los años de proscripción del peronismo y la recepción o reconocimiento de esos discursos por parte de la izquierda peronista. Sin embargo, nuestro interés se halla en la construcción teórica que Sigal y Verón realizaron a partir de los discursos de Perón, en particular la noción de “modelo de llegada”.

El “modelo de llegada” es la elaboración teórica que exponen Sigal y Verón al analizar los discursos de Perón entre 1943-1944, y los que brinda en 1973, al volver a la Argentina tras 18 años de exilio. En esos discursos, los autores identifican un dispositivo discursivo, que se caracteriza por el hecho de que Perón construye una escena de degradación y conflictividad de la sociedad argentina, y él señala que no ha sido parte de ese proceso de degradación, pero que “viene de afuera” para resolver esa situación.

Entre 1943-1944, Perón evoca una escena de degradación de la sociedad argentina, caracterizada por las divisiones y la ausencia del Estado en la protección de los trabajadores. “El Estado manteníase alejado de la población trabajadora. No regulaba las actividades sociales como era su deber” (Perón, citado en Sigal y Verón, 2014: 33). En ese contexto, en tanto es un “humilde soldado” que debe cumplir con un deber, Perón hace su aparición. En sus discursos enfatiza que “viene de afuera” de la política, y responsabiliza a ésta por la degradación de la sociedad y de la Patria. Perón construye, en esta “primera llegada” un exterior abstracto, ya que ese exterior es el cuartel del Ejército. El cuartel es concebido como un ámbito de formación de un lazo entre los soldados y la Patria, y es eso lo que lo lleva a adentrarse en el Estado para poder frenar esa degradación. Desde la discursividad de Perón, “la historia [argentina] es la descomposición progresiva que llega a un punto insostenible, el 4 de junio de 1943, cuando Perón, ‘humilde soldado al que le ha cabido el honor de defender a la clase trabajadora’ sale del cuartel” (Sigal y Verón, 2014: 47). Vemos, así como Perón se postula llegando desde el cuartel, lugar desde el que ha desarrollado un compromiso patriota y ha visto como se ha degradado la sociedad, y llega al Estado, lugar corrompido por los políticos y que debe ser el lugar desde el que se promueva la unión de los argentinos y la justicia social.

En el caso de 1973, se produce una “nueva llegada”. En ese momento, el exterior al que evoca Perón en sus discursos es concreto: ha estado exiliado por 18 años. En ese lapso de tiempo en el que él no ha estado en Argentina, la sociedad nuevamente cayó en un proceso de degradación, de divisiones y gobiernos inestables. Perón, en junio de 1973, enuncia “llegó del otro extremo del mundo (…) Y sólo pido a los argentinos que tengan fe en el gobierno justicialista, porque ese ha de ser el punto de partida para la larga marcha que iniciamos” (citado en Sigal y Verón, 2014: 30). Además de explicitar que procede de un exterior concreto, Perón evoca un elemento que también estuvo presente en sus primeros discursos, y es la fe que deben tener en él porque, como no se degradó en sus años de exilio, podrá poner un freno a la inestabilidad y conflictividad que primaba en Argentina.

Sigal y Verón señalan que la constitución de ese “modelo de llegada” termina de producirse a partir del movimiento discursivo y político que realiza Perón al renunciar al Ejército y asumirse como un “simple ciudadano”. Perón renuncia al “honroso y sagrado uniforme que me entregó la patria, para vestir la casaca del civil y mezclarme con esa masa sufriente y sudorosa que elabora en el trabajo la grandeza del país” (citado en Sigal y Verón, 2014: 50). De esta manera, en un movimiento Perón logra erigirse como aquel sujeto que “viene de afuera”, llega al Estado con el único propósito de servir al pueblo, al que se integra y pasa a encarnar.

A modo de síntesis, podemos señalar que el modelo de llegada presenta ciertas dimensiones. En primer lugar, el señalamiento de la degradación de la sociedad. En segundo lugar, la evocación de que esa degradación ha sido vista “desde afuera” por Perón, en un primer momento desde el cuartel y en un segundo momento desde el exilio. En tercer lugar, podemos señalar que en la “primera llegada”, Perón se evoca como un “soldado que ha salido del cuartel para reestablecer la justicia social [y] tiene como primera preocupación la mejora de la condición de los trabajadores” (Sigal y Verón, 2014: 49). Este punto remite al lugar desde el cual Perón llega, siendo el cuartel, lugar en donde se ha formado para servir a la Nación, y como los trabajadores son argentinos de esa Nación, pero han sido olvidados, Perón llega para servirles. Por último, el lugar al que se llega es el Estado, porque ésta es la institución que, por haber mantenido una lógica abstencionista, permitió la degradación de la sociedad en general y de la calidad de vida de los trabajadores en particular. Por eso, al llegar a ocupar el Estado, Perón entiende que podrán ser escuchadas las demandas de los trabajadores, establecer la justicia social y lograr conquistas y derechos para los trabajadores.

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Bibliografía

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